lunes, 24 de noviembre de 2014

#IGUALES


Iguales: Acabemos con la desigualdad extrema. Es hora de cambiar lasreglas.

De Ghana a Alemania, de Sudáfrica a España, la brecha entre ricos y pobres es cada vez mayor. Siete
de cada diez personas viven en países en los que la desigualdad económica es peor hoy que hace 30
años. En enero de 2014, Oxfam ha calculado que tan solo 85 personas poseen tanta riqueza como la
que comparten la mitad más pobre de la población mundial. La desigualdad económica ha alcanzado
niveles extremos.
Las sociedades más desiguales son sociedades en las que aumenta la violencia y la criminalidad. La
desigualdad extrema corroe los cimientos democráticos y socava el crecimiento económico. También
exacerba la brecha entre hombres y mujeres y conduce a sociedades menos cohesionadas en las que
se reduce la movilidad social de tal forma que, generación tras generación, muchas familias continúan sumidas en la pobreza mientras otras disfrutan de posiciones privilegiadas.
Las corrosivas consecuencias de la desigualdad extrema afectan a todo el mundo, pero su impacto es
aún mayor en las personas más pobres y en los más vulnerables, reduciendo su esperanza de vida y
privándoles de sus derechos más básicos como el acceso al agua, a la atención sanitaria o a una
educación de calidad. En Etiopía, el 20% más pobre de la población tiene tres veces menos
posibilidades de asistir a la escuela que el 20% más rico.
Desde el comienzo de la crisis financiera, el número de milmillonarios1 se ha más que duplicado. Con una tasa de tan solo un 1,5% sobre la riqueza que han acumulado durante este período se podría haber recaudado suficientes fondos como para salvar 23 millones de vidas en los países más pobres.
Las pruebas también evidencian que la creciente brecha entre ricos y pobres socava la lucha contra la
pobreza. Según una nueva investigación de Oxfam, si la India pusiese freno al aumento de la
desigualdad, 90 millones de personas más podrían salir de la pobreza extrema en 2019.
”Ha habido una lucha de clases durante los últimos 20 años, y mi clase ha ganado.” Warren
Buffet.
La desigualdad no es inevitable. Es el resultado de decisiones políticas y económicas deliberadas e
intencionadas. El fundamentalismo de mercado y el secuestro democrático por parte de las élites que
resultan en leyes hechas a la medida de los intereses de unos pocos, son dos poderosos factores que
exacerban la desigualdad y que explican la espiral de crecimiento en la concentración de riqueza que se ha producido estos últimos años.
En su libro El Capital en el siglo XXI, Thomas Piketty argumenta que sin la intervención gubernamental, la economía de mercado tiende a acelerar la concentración de riqueza extrema. En América Latina y el Caribe, Asia, África y el antiguo bloque soviético, la desigualdad aumentó durante años como consecuencia de un torrente de desregulación, drásticos recortes del gasto público y privatizaciones aceleradas.
Las mujeres son quienes más sufren cuando los servicios públicos se deterioran, lo que incrementa aún más su carga de trabajo no remunerado. Por lo tanto, la desigualdad económica y la desigualdad de género aumentan al mismo tiempo.
A pesar de todo, a día de hoy, el fundamentalismo de mercado continúa dominando el pensamiento
económico. Durante mucho tiempo, la influencia y los intereses de las élites políticas y económicas han reforzado esta brecha de desigualdad. El poder económico influye sobre el poder político permitiendo a1 Designamos milmillonarios a aquellas personas que tienen más de mil millones de dólares las élites afianzar aún más sus injustos privilegios e impedir la puesta en marcha de políticas públicas
que puedan fortalecer los derechos de la mayoría. Así, nos encontramos con sistemas fiscales
regresivos e injustos, con una insuficiente inversión en políticas sociales y regulaciones internacionales
laxas que refuerzan los desequilibrios entre países.
¿Qué se puede hacer para acabar con la desigualdad extrema?
Los Gobiernos pueden comenzar a reducir la desigualdad cambiando las políticas públicas y
regulaciones que han dado lugar a la actual explosión de desigualdad, así como priorizando una mayor
redistribución de los recursos y del acceso al poder. Nadie debe quedarse fuera.
Es posible comenzar a revertir la desigualdad garantizando salarios y condiciones de trabajo dignos y
reduciendo las escalas salariales. Es clave poner fin a las desorbitadas remuneraciones de los directivos que conviven con los bajos salarios de las personas más pobres. En Sudáfrica, por ejemplo, un trabajador de una mina de platino tendría que trabajar 93 años para ganar el equivalente a la prima
media anual de un director ejecutivo.
También es urgente que se incorporen reformas fiscales para mejorar la progresividad y la equidad. Los Gobiernos deben garantizar que la carga fiscal se distribuya de forma justa, y que paguen más quienes más tienen. En Nicaragua, el esfuerzo fiscal de las personas más es mucho mayor que el de las rentas más elevadas. Pero también es fundamental que se articule una reforma del sistema fiscal internacional que ponga fin a las incoherencias y vacíos legales entre legislaciones nacionales. La evasión y elusión fiscal de las multinacionales y los más ricos suponen pérdidas potenciales de cientos de miles de millones de dólares que se escapan de las arcas públicas en todo el mundo, minando la capacidad de actuar a través de presupuestos nacionales enfocados hacia una mayor inversión social. Bangladesh, por ejemplo, pierde cada año el equivalente al 20% del presupuesto que destina a la educación primaria por la manipulación en los precios de transferencia, una de las estrategias utilizadas por las grandes corporaciones para reducir su contribución fiscal al mínimo.
Garantizar el acceso a servicios públicos gratuitos como la sanidad o la educación es una herramienta
esencial en la lucha contra la desigualdad. Hay demasiados Gobiernos que, bajo la presión de intereses particulares, privatizan estos servicios y aplican tarifas a los usuarios, socavando su potencial hacia una mayor movilidad social y minando los derechos de las personas más pobres que no pueden hacer frente al coste. Las políticas de protección social, como las pensiones y las prestaciones por desempleo pueden tener también un efecto "equilibrador" y contribuir a garantizar que todas las personas puedan vivir libres de miedo. Es necesario evaluar las políticas económicas de tal forma que éstas combatan al mismo tiempo la desigualdad económica y de género. Los servicios esenciales públicos y gratuitos, las prestaciones por menores a cargo y los salarios mínimos pueden producir este beneficio doble.
“Cuidado, compañeros plutócratas, que vienen las horcas.” Nick Hanauer, multimillonario
Las recientes manifestaciones multitudinarias en numerosos países (de Chile y Brasil a Islandia o
Hungría) han demostrado que personas de todo el mundo están dispuestas a no aceptar la injusticia de
unos sistemas fiscales que les piden un mayor esfuerzo o unos servicios públicos que no responden a
sus necesidades. La ciudadanía está rechazando que los Gobiernos se centren tan solo en los intereses
de unos pocos. Los Gobiernos deben ahora escuchar estas voces y no las de los plutócratas. Oxfam se
une al creciente movimiento para poner fin a la desigualdad extrema e insta a los responsables de la
toma de decisiones de todo el mundo a que lo hagan posible.
Este es un resumen del informe de Oxfam “Iguales: Acabemos con la desigualdad extrema. Es hora
de cambiar las reglas”.
Para más información, póngase en contacto con:
Teresa Cavero tcavero@oxfamintermon.org y Susana Ruiz sruiz@oxfamintermon.org

jueves, 20 de noviembre de 2014

#IGUALES en La Catedral de León.






Nosotros somos #IGUALES, desde León con nuestra Catedral !!

Somos Iguales ??



El número de milmillonarios se duplica durante la crisis mientras la desigualdad alcanza niveles extremos  
 
Las 85 personas más ricas del mundo incrementan su fortuna en medio millón de dólares por minuto en el último año
Las 20 mayores fortunas españolas aumentaron su riqueza en 15.450 millones de dólares entre 2013 y 2014 y poseen hoy tanto como el 30% más pobre de la población 
Sólo en Latinoamérica y el Caribe el número de personas que acumulan más de mil millones de dólares creció un 38% de 2013 a 2014, el incremento por regiones más alto de mundo
Durante el último año las 85 personas más ricas del mundo incrementaron su fortuna en un 14%, lo que supone que en conjunto lograron beneficios de 668 millones de dólares cada día o casi medio millón de dólares por minuto. Desde el inicio de la crisis económica el número de milmillonarios en el mundo se ha más que duplicado, pasando de 793 en el año 2008 a 1.645 en 2014. Hoy en día en Africa Subsahariana hay 16 personas cuya fortuna se mide en miles de millones, que conviven con 358 millones de personas que viven en la pobreza extrema, mientras que en Sudáfrica la desigualdad es hoy mayor que en tiempos del apartheid.
Estos son algunos datos contenidos en el informe “IGUALES: Acabemos con la desigualdad extrema. Es hora de cambiar las reglas” que Oxfam (Oxfam Intermón en España) lanza hoy en más de 50 países y con el que advierte que el incremento de la desigualdad podría causar un retroceso de décadas en la lucha contra la pobreza. El documento muestra la magnitud del problema de la desigualdad económica extrema y revela los múltiples peligros que representa para los ciudadanos de todo el mundo. El informe identifica los dos motores principales que han alimentado este rápido incremento: el fundamentalismo de mercado y la captura política por las élites, que resulta en leyes hechas a la medida de los intereses de unos pocos.
España no es ajena a esta tendencia. En el último año las 20 personas más ricas de nuestro país incrementaron su fortuna en 15.450 millones de dólares, más de 1.760.000 dólares por hora, y poseen hoy tanto como el 30% más pobre de la población (casi 14 millones de personas). En la escala más alta, el 1% de los más ricos de España tienen tanto como el 70% de los ciudadanos y tan sólo 3 individuos acumulan una riqueza que duplica con creces la del 20% más pobre de la población. En su conjunto, las 20 mayores fortunas de España alcanzaron en marzo de este año una riqueza de 115.400 millones de dólares.
En América Latina y el Caribe, que a pesar de los avances en las últimas décadas sigue siendo la región más desigual del planeta, los más ricos acaparan casi el 50% de los ingresos totales de la región, mientras los más pobres reciben solo el 5%. En el período de un año (entre 2013 y 2014) el número de milmillonarios de la región se incrementó en un 38%, un aumento muy superior a cualquier otra región del mundo.
Los ricos latinoamericanos acumulan alrededor de 2 billones de dólares (similar al PIB de Brasil) en paraísos fiscales. Según Oxfam, las empresas en Latinoamérica y el Caribe registran niveles de evasión que van del 46% en México al 65% en Ecuador, sin suficientes sanciones.
“Lejos de ser un motor para un modelo de desarrollo más inclusivo, la desigualdad extrema es un freno a la prosperidad para la mayor parte de los habitantes del planeta. Hoy en día, el crecimiento económico sólo está beneficiando a los más ricos, y seguirá siendo así mientras los Gobiernos no actúen para revertir esta dinámica perversa. No deberíamos permitir que las doctrinas económicas -que sólo buscan el beneficio a corto plazo-, o las personas ricas y poderosas -que sólo buscan el beneficio propio- nos cieguen ante estos hechos. Alrededor del mundo, millones de personas mueren debido a la falta de atención sanitaria y millones de niños no acceden a la escuela, mientras una pequeña élite acumula más dinero del que se podría gastar en toda una vida”, afirma Winnie Byanyima, Directora Ejecutiva de Oxfam Internacional.
Según cálculos de Oxfam, si cualquiera de las tres personas más ricas del mundo gastase un millón de dólares al día, tardaría cerca de 200 años cada una en acabar con su riqueza.
“La creciente desigualdad no es fruto del azar sino el resultado de políticas concretas que han desequilibrado la balanza y han permitido a unos pocos obtener beneficios que se incrementan día a día, mientras la mayoría de las personas pierde derechos, poder y oportunidades para prosperar. Estos altos niveles de desigualdad generan sociedades duales y poco cohesionadas”, afirma José María Vera, Director General de Oxfam Intermón.
“España tiene que dejar de ser el segundo país más desigual de la UE. Pero para ello no basta con esperar a que la economía repunte. El crecimiento económico per se no crea sociedades más justas ni prósperas. Son necesarias políticas más redistributivas que apuesten por reducir la desigualdad: recaudar de forma justa y progresiva, asegurando que los que más tienen contribuyen como les corresponde al bien común, e invertir en políticas públicas que garantizan la igualdad de oportunidades, junto con un acortamiento de las escalas salariales y la disminución de las brechas entre hombres y mujeres. El Gobierno español va en dirección contraria al promover una reforma fiscal que no servirá para recaudar de una manera más justa y al presentar unos Presupuestos Generales del Estado que no apuestan por un incremento del gasto social”, afirma Vera.
Según cálculos de Oxfam, una aportación de tan sólo un 1,5 por ciento de la riqueza de los milmillonarios del mundo hoy podría recaudar suficiente dinero como para asegurar que todos los niños de los países más pobres vayan a la escuela y proporcionar asistencia sanitaria en los 49 países más pobres del mundo.
“La experiencia nos ha demostrado que la pobreza y la desigualdad no son inevitables o accidentales, sino el resultado deliberado de decisiones políticas. Es preciso y urgente cambiar las reglas y los sistemas que han permitido esta explosión de desigualdad. Se necesitan acciones urgentes para equilibrar la balanza, poniendo en marcha políticas que redistribuyan los recursos y el poder que actualmente se concentra en una minoría, y una mayor apertura democrática que dé voz a los más vulnerables”, afirma Byanyima.
Según el informe, los compromisos políticos frente a la desigualdad pueden tener un impacto considerable en el modelo de sociedad. Por ejemplo, si India frenara el actual crecimiento de la desigualdad, más de 90 millones de personas podrían salir de la pobreza extrema en 2019. Mientras en Kenia, más de 3 millones de personas podrían engrosar la lista de la pobreza para ese mismo año si la desigualdad permanece en los niveles actuales.
"La desigualdad frena el crecimiento, corroe los cimientos democráticos, ahoga las oportunidades y alimenta la inestabilidad, al tiempo que profundiza la discriminación, sobre todo contra las mujeres", afirma Byanyima.
El informe de Oxfam, respaldado por personalidades como Graça Machel, Kofi Annan y Joseph Stiglitz, entre otros, es el pistoletazo de salida de la campaña “IGUALES” de Oxfam, que pretende presionar a los Gobiernos de todo mundo para que conviertan la retórica en realidad y asegurar que las personas más pobres reciben lo que es justo.

#IGUALES de León


Aqui comienza nuestra andadura por esta nueva campaña de Oxfam Intermón de León.
En este blog os voy a ir contando en lo que consta nuestra nueva campaña y todo lo que vayamos haciendo y todo lo que vayamos recopilando.